lunes, 15 de abril de 2013

O lápis no clavicémbalo (reacción para clase)


Gotas de chuvia incesantes golpeaban os finos cristais de aquela enorme casa. O aire estaba cargado de humidade, e as escuras nubes cubrían o ceo de maneira que case parecía de noite.
Florencio Bouza levantouse do sofá no que estaba tomando un vaporoso café e se acercou ás embazadas ventás. Andou lentamente,  tiña as pernas entumecidas polo frío. O xardín estaba inundado, as súas fermosas flores, que con tanto xeito e amor criara, xacían cubertas de barro, machucadas pola pesada chuvia. A roseira ficaba inerte, rodeada por un chan cheo de pétalos mollados e esparexidos, como chorando á morte das súas flores. Florencio Bouza observaba esta paisaxe cun aire de indiferenza, como se realmente non lle importase ver nesas condicións ás súas amadas criaturas. Nos seus ollos se distinguía un brillo de melancolía, como se unha profunda morriña o azoutase por dentro. Deuse a volta e volveu cara o sofá, onde o esperaba o xa frío café. Pero  Florencio Bouza non se sentou, senón que seguiu camiñando, ata saír daquel solitario salón.
Coa vista perdida, case de forma automática, chegou a unha pequena saliña escondida nun canto da gran casa, onde o aire ulía a libros vellos, po e tinta. A súa amada biblioteca. Recorreu os estantes de libros coa vista, coma se buscase algo, pero sen buscar, paseando dun lado a outro da pequena sala, cun movemento monótono, cunha lixeireza e axilidade tal que semellaba estar bailando un baile xa fai moitos anos aprendido, como unha rutina sinxela sen a que non podería vivir. O baile terminou tan sutilmente coma empezou, e Florencio Bouza sentou na pequena mesa que adornaba o centro da sala sen ningún libro entre as mans. Ficou quieto, coas mans sobre a mesa e coa mirada aínda perdida no inmenso mundo da súa imaxinación, ou quén sabe onde. Lentamente pareceu enfocar a vista cara outra mesa que descansaba nunha esquina, escondida por unha densa sombra. Levantouse e acercouse a ese lugar sombrío, andando con tanta lixeireza que semellaba voar. Nos seus ollos brillaba máis que nunca esa profunda melancolía. Sentou nun pequeno banco que había fronte á extraña mesa. Tiña un coxín recuberto de veludo vermello, e cunhas patas talladas con tanta sutileza que parecía realmente que a madeira da que estaban feitas nacera con esa forma. A vista de Florencio Bouza estaba agora fixa naquela mesa tamén tallada, a conxunto coa bancada. Inesperadamente, Florencio Bouza agarrou o moble pola parte que tiña enfronte, e tirou cara arriba cunha forza que semellaba non ter. Tras uns momentos de incesante pero delicado forcexo, a tapa levantouse, moi pouco a pouco, ata que descubriu un fermoso clavicémbalo con numerosos detalles na madeira, así como fermosas e delicadas pinturas de árbores en flor. Florencio Bouza pousou a poeirenta tapa no chan coidadosamente, e na sala non se escoitou referencia algunha a que esta tocara o chan, tan só se escoitaba a respiración daquel home, en cuxos ollos agora bailaba case alegre unha triste  melancolía.
Ficou uns instantes así, quieto, paciente, deleitándose coa vista das fermosas curvas de tan espléndido artefacto. Os seus ollos o recorrían calmados, sen presa, como admirando cada centímetro daquela marabilla que non se atrevía nin a rozar. A medida que a súa vista se acercaba ao teclado, a súa respiración axitábase, rompendo a harmoniosa monotonía,transformándoa nunha alegre canción que ía in crescendo, dando indicios da existencia dunha emoción que padecía encarcerada dende facía xa moitos anos.
Os seus dedos se deslizaron polo teclado, febles, trementes, acariciando as teclas coma se fosen delicados cadros que pretendía admirar. Pechou os ollos, gozando de aquel tacto que tanto botara de menos. O seu corazón latexaba tan forte que no silencio da sala se podía escoitar o seu eco, case ronco, coma se fose un motor que levaba anos sen funcionar. Sen querer, apoiou a man nunha tecla, e un agudo la recorreu o silencio da sala, chegou ata a cociña, subiu ata os baleiros dormitorios e fixo vibrar cada centímetro de soidade. O eco do corazón de Florencio Bouza deixouse de escoitar por un instante, e cando o la se extinguiu, este xa latía coma de fose unha locomotora, como as que lle gustaban tanto a el de pequeno, como a que lle regalara ao seu fillo ao cumprir os oito anos.

jueves, 14 de marzo de 2013


La noche, oscura y sombría, se cernía sobre mí, tapándome con su trágico manto de soledad y nubes, pero yo tan solo podía pensar en lo que había acabado de perder.
La luna era cada vez más tenue, la densa niebla que se alzaba en los cielos como una siniestra sombra la cubría impidiéndome ver, y la poca claridad que ofrecía aquella triste luna llena no me ayudaba nada a avanzar.
No sabía por dónde iba, no sabía que había a mis pies, no sabía la hora que era, no estaba en condiciones de pensar, ni quería recordar lo que había pasado esa mañana, lo que me había hecho escapar, o sinceramente lo que me había hecho huir muerta de terror, intentando no llorar y sin mirar atrás  No, no quería.
La niebla se hizo cada vez más espesa, la luna se ocultó cada vez más. Miré al cielo, un escalofrío me recorrió toda la espalda y no pude evitar estremecerme de terror. El paisaje era tremendamente desconcertante. La niebla lo cubría todo, tan solo se distinguían las siluetas de los árboles del bosque gracias a la tétrica luz blanca-semitransparente que la luna les proporcionaba. Ella era la única que se veía claramente. Poco a poco, la niebla se había yendo apartando de la luna, dejándola completamente al descubierto.
Pálida y triste, la luna se alzaba en lo más alto del cielo, inundada por una luz casi fantasmal que me embobaba y no me dejaba apartar los ojos de ella. Tan bella, tan irónica, tan solitaria, tan lejana, tan tremendamente hermosa, y tan triste. Ella fue la única que me logró hacer llorar. Ni la pobreza y la soledad en la que yo había estado viviendo, ni la melancolía, ni la añoranza de tiempos mejores, ni la reciente muestra de odio y desprecio de mi madre que me había roto el corazón esa misma mañana me habían hecho llorar. Sin embargo, la pálida luz de la luna que se reflejaba en mis ojos había hecho brotar lágrimas de ellos que no cesaban de manar incontroladamente. Y me inundó una tremenda soledad. Y sentí que me moría. Y no pude parar de llorar. No pude.
Aquellas palabras que me había estado atormentando todo el día ahora rebotaban descontroladas en mi cabeza, produciéndome una oleada de sentimientos, primero rabia, después dolor, luego angustia, más tarde desconsuelo, y también ira, tristeza, amargura, pena, agonía, y un intenso sufrimiento moral que me hizo desplomarme en el suelo, para luego deshincharme como un globo al que pinchan y lo dejan en el aire, para que caiga a su suerte, quizás en algún lugar seguro, quizás no.
Anegué el suelo con mis lágrimas, y me quedé allí, tendida en aquel lugar húmedo y turbio, esperando a que mis lágrimas se secasen, dejando que siguieran brotando, quizás pensaba que así me iba a sentir mejor, quizás solo quería desahogarme, quizás solo seguí mi instinto.
En mi mente resonaban las palabras que tanto me atormentaban, con una voz tan clara que casi parecía que me las estaban diciendo es ese mismo momento; las palabras que había pronunciado mi madre esa misma mañana y que me habían destrozado por completo.
“Eres la peor hija que existe” “Me alegro de haberte abandonado”

miércoles, 20 de febrero de 2013

Poema que le escribí a mi prima y su novio por su cumple (cumplen el mismo día)


Dos enhiestas rocas, juntas se mostraban
Y la tormenta en la mar las intentó separar
Pero venció el amor.

Dos montañas, un val entre ellas formaban
Y la lluvia éste intentó agrandar
Pero venció el amor.

Dos ríos unirse intentaban
Y el calor los intentó secar
Pero venció el amor.

Dos bellos árboles sus ramas enrredaban
Y un viento huracanado los intentó derribar
Pero venció el amor.

Dos pajarillos, volar juntos ansiaban
Y un ballestero los intentó cazar
Pero venció el amor.

Dos corazones latir juntos deseaban
Y un infatigable mal los intentó desacompasar
Pero venció el amor.

Hace ya un año...


Por qué buscar una ilusión o un sueño que cumplir, si la mayoría de las veces no lo llegas a alcanzar.
Para que soñar con como será dentro de unos años tu vida o qué serás, si realmente nunca lo tendrás claro y el destino tomará por ti esa decisión, aunque no te guste.
Cómo decidir como será o es tu vida, si realmente es imposible decidir lo que quieres ser o quieras hacer. Desde que naces tienes unos límites, y según ellos creces y vives la mayor parte de tu vida, aunque no en todas las personas son los mismos.
Realmente, de que sirve soñar con un mundo perfecto si las injusticias siempre existen y la palabra libertad es más que abstracta, simplemente inexistente, simplemente una añoranza de algo que nunca existió.
Simplemente nada tiene sentido si te paras un poco a pensar, las preocupaciones más comunes son estupideces, y la mayoría de lo que hacemos es perder el tiempo, pero la verdad es que no sabemos que es lo correcto hacer en nuestro tiempo, nuestra VIDA.
Y por eso me pregunto: que significa vivir?por que existimos si finalmente dejaremos de existir?por que tenemos sentimientos y para que sirven realmente?que hay después del universo?...y...si el universo es como una bola de nieve en la que hay estrellas, y planetas y nosotros no somos ni unos microbios a ojos del que posee esa bola...y mil preguntas más sin respuesta.
Por ahora.
15/01/12

lunes, 4 de febrero de 2013

Arena


Aquella vez se había pasado, fue lo primero que pensé al salir corriendo de aquella maléfica casa donde aún retumbaban sus gritos. Lágrimas resbalaban por mi rostro desnudo, contraído en una expresión de miedo y terror que seguramente me hacía parecer mas fea de lo que era, o por lo menos de o que me consideraba. Pero eso no era lo importante en ese momento, a pesar que me dolía todo el cuerpo tras los recientes golpes, no podía parar de correr; a pesar de que las rodillas asemejaban clavarse en mi piel a cada paso que daba, no podía parar de correr; a pesar que no sabía a donde iba, ni nenia a donde ir en realidad, no podía parar de correr. Llegué a la playa, pero seguí corriendo, los pies se me enterraban cada vez más en la arena o eso me parecía, mi cuerpo se volvía cada vez mas pesado, como hierro oxidándose con el paso de los años, pero en este caso, en apenas unos minutos, o horas, en aquel momento no tenía noción del tiempo, ni me importaba lo más mínimo, solo sentía un fuerte impulso que movía mis piernas y me obligaba a correr, sin rumbo, como una débil gacela escapando del feroz león, desorientada, perdida, y sola.
Repentinamente, sentí una brusca sacudida y mi boca se llenó de arena. Me había caído. Mis piernas aún se movían como si fuesen sacudidas por pequeños impulsos eléctricos que fueros disminuyendo en su intensidad hasta convertirse en un simple temblor, que a pesar de parecer tan insignificante, me producía un intenso dolor por todo el cuerpo, el cual, me nublaba la mente y poco a poco me fue haciendo perder la conciencia hasta finalmente cesar, a la vez que mi cuerpo descansaba depositado en aquella fría arena, a merced de cualquier ola repentina que me quisiera atacar. 

Relato


Me desperté repentinamente. Vi la hora, las tres y cuarto. Tenía hambre. Me levante lentamente, procurando no hacer ruido, mis padres se iban a enfadar si me veían despierta a esas horas. Fui hacia la cocina. El viento se escuchaba como si estuviera dentro de casa, era extraño, y aterrorizador. Intenté recordar lo que había soñado, pues estaba segura de que había sido una pesadilla, pero no fui capaz de recordarlo. De todas formas, no me importó demasiado. Al entrar en la cocina, por no encender la luz, me di un golpe en la pierna, alguien había dejado una silla enfrente de la puerta, seguramente mi hermano. Pero no me quejé, no debía hacer ruido. Me di cuenta de que mi perro estaba ladrando, llevaba así un rato. Entonces recordé por qué me había despertado, recordé la pesadilla. Una tenebrosa cara vino a mi mente, y al estar sumida en oscuridad me causo una impresión tan fuerte que se me aceleró el corazón y me comenzó a faltar el aire. Había soñado con la película que habíamos visto en casa de Emma la semana pasada. Otra vez. La cara de aquella niña, despeinada, casi verde, medio desdentada y con aquella expresión tan aterradora no dejaba de aparecérseme en todas partes, era horrible. Comencé a ver esas caras por todos lados, asique decidí encender la luz, prefería una bronca de mis padres a morir de un infarto. Volví a la puerta y la encendí. Nada más girarme vi tras la ventana aquella cara, sonriéndome, y dejé escapar un grito. Me caí contar la puerta al retroceder, otra vez la maldita silla. Me di tal golpe en la cabeza que empecé a marearme de verdad. Vi de nuevo hacia la ventana. La niña ya no estaba ahí. Nevado seguía ladrando, al lado de la puerta, la escuché abrirse, no me podía mover, cada vez tenía menos fuerzas, me intenté levantar y me hice daño en las muñecas, ¿Por qué estaba tan débil?. La segunda puerta también se abrió, comencé a temblar del miedo. Solo veía el rostro de la niña, por todos lados, sonriéndome. Pasaron apenas unos instantes, tenía miedo, estaba aterrorizada, sentí un repentino calor en la entrepierna, me había meado. Estaba inmune, indefensa, ante la dueña de aquellos pasos que a mí se acercaban. No tenía escapatoria alguna. Así que me dejé rendida, esperando a mi fin. Cerré los ojos, no quería ver. Los pasos se hicieron cada vez más próximos, y mucho más, hasta que cesaron, en frente de mi. Pude escuchar su respiración, fuerte, profunda y casi sentir su aliento.
Me desperté con el corazón tan acelerado que parecía salírseme del pecho. Respiré entrecortadamente. Había sido un sueño muy intenso, demasiado. Decidí tranquilizarme, había sido solo un sueño, pero por más que me lo repetía aquella cara no abandonaba mi mente. Decidí cerrar la puerta de la habitación. Tan pronto como lo hice me tiré de nuevo en cama, aún tenia miedo. Justo antes de tapar mi cabeza bajo las sábanas mi mirada se desvió hacia la ventana. Había dejado la persiana subida y la luna llena iluminaba levemente mi habitación, pude ver un rostro, sonriente, casi verde, pero solo un instante. Decidí que era mi imaginación y que debería dormir, pero no pude, al igual que no pude volver a mirar hacia esa ventana el resto de la noche.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ten que chover.


- Por moi pouco que che guste, ten que chover, é necesario. Que sería de vida sen chuvia? Nada, un tempo vacío e sinxelo, sen malos temporais que levaron consigo a luz e que agora te fan recordar con ledicia ese momento cando escampa, e podes ver o sol saír entre as nubes de tormenta.

Igual pasa co corazón, ruliña.


- Pero avoa, non é xusto. Eu queríao, por que me traizoou?


- A vida non é sinxela, neniña, a vida é como unha árbore. Ao principio estás moi acompañada e protexida por xente que te quere e que está sempre ao teu carón. A medida que creces, vaste separando de moitas de esas persoas que seguen o seu propio camiño ou se quedan atrás. Cada vez, viaxas por unha rama máis estreita, deprendéndote dos teus seres máis cercanos e dicíndolles adeus. Durante un tempo, pode que viaxes sóa, pero a primavera traerá follas e flores que non serán duradeiras, pois se o mal tempo non as leva antes, ou a algunhas un lene sopro de vento, co outono se irán. Máis non temas, é unha das cousas que sempre van da man coa vida. A pesares disto, un día enontrarás unha flor ou folla, se non te perdeches ou rendiches antes, que a pesar dos máis grandes temporaise de tódolos tormentos que a poidan afectar, non se afastará do teu lado, e nin tan sequera o outono a poderá separar de tí. Saberás entón con quen pasarás o resto de esa vida, ata que finalmente o outono arrebate esa folla ou flor, ou pode que a tí. Pero daquela xa haberás formado parte de outra árbore, ou de varias, onde acompañaches a esa pequena ramiña que tanto te recordaba a tí, con aquela folla ou flor ao teu lado, tan unidos coma un só, e saberás que esa pequena e fráxil rama tamén encontrará a súa flor ou folla, ou pode que xa a encontrara, pero de todas formas, cando o outono te arrinque, xa haberás descuberto o que é a vida.