lunes, 4 de febrero de 2013

Relato


Me desperté repentinamente. Vi la hora, las tres y cuarto. Tenía hambre. Me levante lentamente, procurando no hacer ruido, mis padres se iban a enfadar si me veían despierta a esas horas. Fui hacia la cocina. El viento se escuchaba como si estuviera dentro de casa, era extraño, y aterrorizador. Intenté recordar lo que había soñado, pues estaba segura de que había sido una pesadilla, pero no fui capaz de recordarlo. De todas formas, no me importó demasiado. Al entrar en la cocina, por no encender la luz, me di un golpe en la pierna, alguien había dejado una silla enfrente de la puerta, seguramente mi hermano. Pero no me quejé, no debía hacer ruido. Me di cuenta de que mi perro estaba ladrando, llevaba así un rato. Entonces recordé por qué me había despertado, recordé la pesadilla. Una tenebrosa cara vino a mi mente, y al estar sumida en oscuridad me causo una impresión tan fuerte que se me aceleró el corazón y me comenzó a faltar el aire. Había soñado con la película que habíamos visto en casa de Emma la semana pasada. Otra vez. La cara de aquella niña, despeinada, casi verde, medio desdentada y con aquella expresión tan aterradora no dejaba de aparecérseme en todas partes, era horrible. Comencé a ver esas caras por todos lados, asique decidí encender la luz, prefería una bronca de mis padres a morir de un infarto. Volví a la puerta y la encendí. Nada más girarme vi tras la ventana aquella cara, sonriéndome, y dejé escapar un grito. Me caí contar la puerta al retroceder, otra vez la maldita silla. Me di tal golpe en la cabeza que empecé a marearme de verdad. Vi de nuevo hacia la ventana. La niña ya no estaba ahí. Nevado seguía ladrando, al lado de la puerta, la escuché abrirse, no me podía mover, cada vez tenía menos fuerzas, me intenté levantar y me hice daño en las muñecas, ¿Por qué estaba tan débil?. La segunda puerta también se abrió, comencé a temblar del miedo. Solo veía el rostro de la niña, por todos lados, sonriéndome. Pasaron apenas unos instantes, tenía miedo, estaba aterrorizada, sentí un repentino calor en la entrepierna, me había meado. Estaba inmune, indefensa, ante la dueña de aquellos pasos que a mí se acercaban. No tenía escapatoria alguna. Así que me dejé rendida, esperando a mi fin. Cerré los ojos, no quería ver. Los pasos se hicieron cada vez más próximos, y mucho más, hasta que cesaron, en frente de mi. Pude escuchar su respiración, fuerte, profunda y casi sentir su aliento.
Me desperté con el corazón tan acelerado que parecía salírseme del pecho. Respiré entrecortadamente. Había sido un sueño muy intenso, demasiado. Decidí tranquilizarme, había sido solo un sueño, pero por más que me lo repetía aquella cara no abandonaba mi mente. Decidí cerrar la puerta de la habitación. Tan pronto como lo hice me tiré de nuevo en cama, aún tenia miedo. Justo antes de tapar mi cabeza bajo las sábanas mi mirada se desvió hacia la ventana. Había dejado la persiana subida y la luna llena iluminaba levemente mi habitación, pude ver un rostro, sonriente, casi verde, pero solo un instante. Decidí que era mi imaginación y que debería dormir, pero no pude, al igual que no pude volver a mirar hacia esa ventana el resto de la noche.

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