Me desperté
repentinamente. Vi la hora, las tres y cuarto. Tenía hambre. Me levante
lentamente, procurando no hacer ruido, mis padres se iban a enfadar si me veían
despierta a esas horas. Fui hacia la cocina. El viento se escuchaba como si
estuviera dentro de casa, era extraño, y aterrorizador. Intenté recordar lo que
había soñado, pues estaba segura de que había sido una pesadilla, pero no fui
capaz de recordarlo. De todas formas, no me importó demasiado. Al entrar en la
cocina, por no encender la luz, me di un golpe en la pierna, alguien había
dejado una silla enfrente de la puerta, seguramente mi hermano. Pero no me
quejé, no debía hacer ruido. Me di cuenta de que mi perro estaba ladrando,
llevaba así un rato. Entonces recordé por qué me había despertado, recordé la
pesadilla. Una tenebrosa cara vino a mi mente, y al estar sumida en oscuridad
me causo una impresión tan fuerte que se me aceleró el corazón y me comenzó a
faltar el aire. Había soñado con la película que habíamos visto en casa de Emma
la semana pasada. Otra vez. La cara de aquella niña, despeinada, casi verde,
medio desdentada y con aquella expresión tan aterradora no dejaba de
aparecérseme en todas partes, era horrible. Comencé a ver esas caras por todos
lados, asique decidí encender la luz, prefería una bronca de mis padres a morir
de un infarto. Volví a la puerta y la encendí. Nada más girarme vi tras la
ventana aquella cara, sonriéndome, y dejé escapar un grito. Me caí contar la
puerta al retroceder, otra vez la maldita silla. Me di tal golpe en la cabeza
que empecé a marearme de verdad. Vi de nuevo hacia la ventana. La niña ya no
estaba ahí. Nevado seguía ladrando, al lado de la puerta, la escuché abrirse,
no me podía mover, cada vez tenía menos fuerzas, me intenté levantar y me hice
daño en las muñecas, ¿Por qué estaba tan débil?. La segunda puerta también se
abrió, comencé a temblar del miedo. Solo veía el rostro de la niña, por todos
lados, sonriéndome. Pasaron apenas unos instantes, tenía miedo, estaba
aterrorizada, sentí un repentino calor en la entrepierna, me había meado.
Estaba inmune, indefensa, ante la dueña de aquellos pasos que a mí se
acercaban. No tenía escapatoria alguna. Así que me dejé rendida, esperando a mi
fin. Cerré los ojos, no quería ver. Los pasos se hicieron cada vez más
próximos, y mucho más, hasta que cesaron, en frente de mi. Pude escuchar su
respiración, fuerte, profunda y casi sentir su aliento.
Me desperté con el
corazón tan acelerado que parecía salírseme del pecho. Respiré
entrecortadamente. Había sido un sueño muy intenso, demasiado. Decidí
tranquilizarme, había sido solo un sueño, pero por más que me lo repetía
aquella cara no abandonaba mi mente. Decidí cerrar la puerta de la habitación.
Tan pronto como lo hice me tiré de nuevo en cama, aún tenia miedo. Justo antes
de tapar mi cabeza bajo las sábanas mi mirada se desvió hacia la ventana. Había
dejado la persiana subida y la luna llena iluminaba levemente mi habitación,
pude ver un rostro, sonriente, casi verde, pero solo un instante. Decidí que
era mi imaginación y que debería dormir, pero no pude, al igual que no pude
volver a mirar hacia esa ventana el resto de la noche.
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