miércoles, 19 de junio de 2013

Me desperté. Tenía la cabeza aturdida tras aquel etéreo sueño que me había estado atormentando toda la noche.
Desorientado, busqué a tientas la gruesa cortina de la ventana, pero allí donde esta había estado siempre, ya no había nada, sólo un profundo e inmenso vacío que me desconcertaba y me oprimía el corazón.
Mis frágiles alas tantearon el espacio que me rodeaba, pero no podía reconocer nada, sólo tocaba un frío suelo de dura piedra, que olía a polvo y a humedad.
Me levanté lentamente, tenía las patas entumecidas. Sentí pinchazos de dolor por todo el cuerpo, cada simple movimiento me producía un intenso dolor. Al intentar caminar, me caí de bruces al suelo, y allí me quedé, con la mente en blanco, sufriendo tanto por dentro como por fuera, desorientado, perdido, y sin idea alguna de qué hacer.
Me quedé así un buen rato, hasta pensar era molesto. En aquel lugar no se escuchaba nada, solo un tétrico silencio y mi lenta y entrecortada respiración. Mis tripas rugieron rogando algo de comer.
Entonces empecé a pensar en aquel banquete que habíamos hecho días atrás, en despedida a aquel chico tan alegre. Recordé aquel curioso sombrero de paja con perfecta nitidez. De repente fue como si un aire invisible me insuflara la fuerza suficiente como para pensar con claridad, y el rostro de la princesa Vivi apareció por mi atolondrada cabeza. Me puse muy nervioso. Dónde estaba ella? No estaba a mi lado, ni siquiera podía escuchar su respiración. Acaso…estaba muerta? No! No era posible! Dónde estaba?!
Me levanté rápidamente sin hacer caso al dolor que recorría cada fibra de mis delicadas plumas como una arrasadora descarga. Caminé torpemente lo más rápido que pude, tambaleándome sin rumbo, y con voz afónica la empecé a llamar. Pero no obtuve ninguna respuesta, ni siquiera el eco de mi voz. El nerviosismo fue aumentando, empecé a correr por aquel infinito espacio, sin chocar con ningún muro, bulto o piedra descolocada, tan solo tropezaba con mis propias patas, que aún no me respondían "en su totalidad". Me caí veinte, o treinta, o quizás más veces. Mi carrera nunca acababa, aquel lugar no tenía fin. Corría y corría, cayéndome, levantándome, cambiando continuamente de dirección, o eso parecía, porque aquel lugar estaba sumido en la más profunda oscuridad. Pero qué podía hacer más que seguir corriendo? Estaba solo, completamente solo, solo aquella aterradora oscuridad me acompañaba. Nada podía salvarme, pero no me importaba. En aquel momento sólo podía pensar en salvarla a ella.
Finalmente, me caí. Intenté levantarme, pero mis debilitadas patas ya no parecían responderme. Me quedé quieto, respirando fuertemente.
El silencio me envolvió de nuevo. Pero esta vez escuché algo más que mi respiración, algo lejano, un aullido tembloroso, un grito de dolor. Mil imágenes de la princesa pasaron por mi mente, me intenté levantar, pero no podía, el cuerpo no me respondía. Yacía allí tumbado, con el cuerpo dolorido, e inmovilizado, y poco a poco aquel desesperado grito se hacía más y más fuerte. Me llamaba, oía cómo llamaba mi nombre, pero no podía acudir a su llamada, no podía atender sus plegarias, sus gritos de socorro. Era ella? No lo sabía, no podía pensar con claridad, me atormentaba aquella voz, no se callaba, yo…yo solo quería que se apagase de una vez, y para siempre. Finalmente no me quedaron ni fuerzas como para mantenerme consciente, así que me dejé que aquella fría piedra fuera mi cuna y que aquel desesperado llanto me arrullara hasta quedarme dormido, o desmayado. No me importaba, fuera lo que fuese era mejor que estar despierto.
El ruido de pasos me despertó. Mis ojos se abrieron lentamente, todo mi cuerpo estaba entumecido por el dolor y el frío. Una pequeña luz entraba, no sé por donde, pero había luz. Observé mis alas, estaban manchadas de sangre. Tras de mí, el dueño de aquellos pasos causantes de mi desvelamiento seguía acercándose. Estaba desubicado, así que me giré. Ante mí se erguía una alta e imponente figura, toda cubierta por una gruesa capa negra. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas de miedo, volvía a estar paralizado, pero esta vez por aquella angustiosa sensación de opresión que me producía aquel sujeto. Entonces se movió. Mi corazón dio un vuelo "Viene hacia ti, Carue", pensé. Pero la siniestra figura no avanzó. Solamente dejó caer a unos metros de mí un bulto inmóvil, y desapareció antes de que me diera cuenta, justo en el preciso instante en el que dirigí mi vista hacia aquello que ante mí ahora yacía, pues al levantarla ya no estaba. Cuando la vi, mi corazón comenzó  a palpitar fuertemente. Podía distinguir un mechón de sedoso pelo azul sobresaliendo de aquella arrugada envoltura. En mi mente resonaba su nombre, su risa, no me lo podía creer, era ella. Me levanté a duras penas y corrí a su lado, ahora las lágrimas brotaban fuertemente de mis ojos. El trayecto se hizo eterno, parecía no llegar nunca, seguí corriendo, pero no avanzaba, la princesa estaba cada vez más lejos. Quería estar a su lado, ver si se encontraba bien, ayudarla, acariciarla, y decirle que al fin estaba de nuevo junto a ella. La oscuridad comenzaba a apoderarse de nuevo del lugar. Grité su nombre, pero no me respondió. Lloré, grité más, supliqué, pero no obtuve respuesta alguna. Me empezó a escocer la garganta, y tenía ya la vista borrosa de tanto llorar. Sólo podía ver su irreconocible figura alejándose, pero sin moverse, y ya casi no había luz. Tropecé de nuevo, pero no paré de gritar. De pronto vi como la figura se levantaba, comencé a gritar más fuerte, me levanté de nuevo y eché a correr hacia aquel último haz de luz que la iluminaba. Pude ver su largo cabello ondularse al moverse, pero no era apenas azul, estaba sucio, y según me pareció distinguir de un oscuro color rojo. Sangre. Pude ver como se giraba hacia mí, como en sus rotos labios pronunciaba sin voz mi nombre "Ca-ru-e". Grité, la llamé, yo tampoco tenía apenas voz. La luz se extinguió como la llama de una vela al soplar el viento. Estaba tan cerca… seguí gritando, corriendo sin rumbo, pero no era capaz de escuchar siquiera mi voz, el silencio se había apoderado de nuevo de aquel lugar y ya nada podía rescatarme. No paré de correr, aunque ya no tenía fuerzas, seguí adelante. Salvaría a Vivi, no estaba dispuesto a perderla. De repente, choqué contra algo, parecía una pared, o un muro. Lo toqué, estaba frío, pero no de la misma manera que aquella pierda, parecía…cristal. En lo que dura un pestañeo, se hizo la luz, pero una luz tibia y fría, casi tan oscura como la misma oscuridad. Pude verme en el espejo, estaba lleno de suciedad y sangre seca, me faltaban plumas y en general tenía un aspecto extremadamente andrajoso. En ese momento la vi. Estaba tras de mí, mirándome con ojos tristes, llenos de lágrimas. Me giré rápidamente, temiendo que también ella desapareciera en tan solo un instante, pero seguía allí. Di un titubeante paso en su dirección, nada pareció ocurrir. Otro paso, y otro, estaba avanzando, al fin. Ella seguía allí, ella no se movía, llegaría al fin a su lado, al fin…
En su cara pareció florecer una tímida sonrisa, yo también sonreí, al fin estaríamos juntos, como siempre. Ya podía percibir su aroma, ya casi podía distinguir cada detalle de su rostro, ya casi…casi. De repente, una sensación de vacío me recorrió el cuerpo. Al principio no comprendí lo que estaba pasando, ella volaba, se elevaba, y me dejaba solo, de nuevo. La vi agacharse, y extender su mano, y entre desesperados sollozos gritó mi nombre. Entonces lo comprendí, no era ella la que volaba, era yo el que estaba cayendo. Cerré los ojos mientras su imagen y su voz se alejaban. La última imagen que pasó por mi cabeza antes de perder de nuevo la consciencia fue aquella fugaz sonrisa.
Me desperté exaltado. Empecé a correr y a gritar. Pero rápidamente choqué contra algo, y escuché un montón de golpes, como de cosas cayendo al suelo, incluso cristales rompiéndose. Me asusté, retrocedí y choqué con algo duro que me hizo caer de espaldas, pero al parecer sobre algo blandito. Qué era aquello? Una fuerte luz destelló a mis dormidos ojos. "Carue, qué haces!?" dijo ella. Ella? Ella! La princesa estaba viva! Abrí los ojos. En efecto, estaba viva, y estaba…en pijama? Poco a poco me calmé y pude contemplar todo con serenidad. Estaba en la habitación de la princesa. No había suelos de fría piedra y la princesa estaba perfectamente (aunque sí un poco enfadada). Entonces lo comprendí todo. Había sido un sueño. Aliviado, sonreí y abracé a Vivi, aunque hubiera sido un sueño, aquel miedo que había pasado al pensar en perderla aún me oprimía el corazón. Ella volvió a la cama, yo me quedé despierto toda la noche observándola.
La verdad es que no tenía ganas de volver a dormir.

domingo, 16 de junio de 2013

Poema

Puede que volar sea imposible,
pero nadie me prohibe soñar.
Qué puedo hacer, más que seguir adelante,
aguantar mis lágrimas, reír y no llorar? 
Porque no deben importar las penas,
lo que vale es lograr mi destino.
Qué más da caer, tengo que levantarme,
seguir siempre adelante en mi camino.
Porque si no, de que habrán servido
tantos desafíos superados, 
tantas  y dolorosas  decisiones
tantas batallas, tantos sueño aplacados, 
pero nunca, jamás abandonados? 
De que sirve, pues, lamentarse?
Arrepentirse no tiene razón de ser,
sólo y aún queda seguir adelante, 
seguir luchando, y algún día, 
tras mi destino haber completado, 
poder descansar, feliz, 

y estar al fin y por siempre a tu lado.

viernes, 10 de mayo de 2013

Mis sueños

Me da igual si pierdo el equilibrio, si tropiezo, si me caigo, si me tiran, me aferraré igualmente a mis sueños. No importan los golpes, las heridas, la humillación, el fracaso, nada de eso importa. Y si me duelen las manos, si pierdo la fuerza en ellas tras tanto tiempo, tanto dolor, me agarraré con los dientes, me arrastraré sin fuerzas, pero jamás soltaré mis sueños. Porque sé que si los abandono sólo un instante, se los llevará el viento, y pasaré el resto de mis días corriendo sin rumbo, buscando aquello que tanto me había costado proteger.

lunes, 15 de abril de 2013

O lápis no clavicémbalo (reacción para clase)


Gotas de chuvia incesantes golpeaban os finos cristais de aquela enorme casa. O aire estaba cargado de humidade, e as escuras nubes cubrían o ceo de maneira que case parecía de noite.
Florencio Bouza levantouse do sofá no que estaba tomando un vaporoso café e se acercou ás embazadas ventás. Andou lentamente,  tiña as pernas entumecidas polo frío. O xardín estaba inundado, as súas fermosas flores, que con tanto xeito e amor criara, xacían cubertas de barro, machucadas pola pesada chuvia. A roseira ficaba inerte, rodeada por un chan cheo de pétalos mollados e esparexidos, como chorando á morte das súas flores. Florencio Bouza observaba esta paisaxe cun aire de indiferenza, como se realmente non lle importase ver nesas condicións ás súas amadas criaturas. Nos seus ollos se distinguía un brillo de melancolía, como se unha profunda morriña o azoutase por dentro. Deuse a volta e volveu cara o sofá, onde o esperaba o xa frío café. Pero  Florencio Bouza non se sentou, senón que seguiu camiñando, ata saír daquel solitario salón.
Coa vista perdida, case de forma automática, chegou a unha pequena saliña escondida nun canto da gran casa, onde o aire ulía a libros vellos, po e tinta. A súa amada biblioteca. Recorreu os estantes de libros coa vista, coma se buscase algo, pero sen buscar, paseando dun lado a outro da pequena sala, cun movemento monótono, cunha lixeireza e axilidade tal que semellaba estar bailando un baile xa fai moitos anos aprendido, como unha rutina sinxela sen a que non podería vivir. O baile terminou tan sutilmente coma empezou, e Florencio Bouza sentou na pequena mesa que adornaba o centro da sala sen ningún libro entre as mans. Ficou quieto, coas mans sobre a mesa e coa mirada aínda perdida no inmenso mundo da súa imaxinación, ou quén sabe onde. Lentamente pareceu enfocar a vista cara outra mesa que descansaba nunha esquina, escondida por unha densa sombra. Levantouse e acercouse a ese lugar sombrío, andando con tanta lixeireza que semellaba voar. Nos seus ollos brillaba máis que nunca esa profunda melancolía. Sentou nun pequeno banco que había fronte á extraña mesa. Tiña un coxín recuberto de veludo vermello, e cunhas patas talladas con tanta sutileza que parecía realmente que a madeira da que estaban feitas nacera con esa forma. A vista de Florencio Bouza estaba agora fixa naquela mesa tamén tallada, a conxunto coa bancada. Inesperadamente, Florencio Bouza agarrou o moble pola parte que tiña enfronte, e tirou cara arriba cunha forza que semellaba non ter. Tras uns momentos de incesante pero delicado forcexo, a tapa levantouse, moi pouco a pouco, ata que descubriu un fermoso clavicémbalo con numerosos detalles na madeira, así como fermosas e delicadas pinturas de árbores en flor. Florencio Bouza pousou a poeirenta tapa no chan coidadosamente, e na sala non se escoitou referencia algunha a que esta tocara o chan, tan só se escoitaba a respiración daquel home, en cuxos ollos agora bailaba case alegre unha triste  melancolía.
Ficou uns instantes así, quieto, paciente, deleitándose coa vista das fermosas curvas de tan espléndido artefacto. Os seus ollos o recorrían calmados, sen presa, como admirando cada centímetro daquela marabilla que non se atrevía nin a rozar. A medida que a súa vista se acercaba ao teclado, a súa respiración axitábase, rompendo a harmoniosa monotonía,transformándoa nunha alegre canción que ía in crescendo, dando indicios da existencia dunha emoción que padecía encarcerada dende facía xa moitos anos.
Os seus dedos se deslizaron polo teclado, febles, trementes, acariciando as teclas coma se fosen delicados cadros que pretendía admirar. Pechou os ollos, gozando de aquel tacto que tanto botara de menos. O seu corazón latexaba tan forte que no silencio da sala se podía escoitar o seu eco, case ronco, coma se fose un motor que levaba anos sen funcionar. Sen querer, apoiou a man nunha tecla, e un agudo la recorreu o silencio da sala, chegou ata a cociña, subiu ata os baleiros dormitorios e fixo vibrar cada centímetro de soidade. O eco do corazón de Florencio Bouza deixouse de escoitar por un instante, e cando o la se extinguiu, este xa latía coma de fose unha locomotora, como as que lle gustaban tanto a el de pequeno, como a que lle regalara ao seu fillo ao cumprir os oito anos.

jueves, 14 de marzo de 2013


La noche, oscura y sombría, se cernía sobre mí, tapándome con su trágico manto de soledad y nubes, pero yo tan solo podía pensar en lo que había acabado de perder.
La luna era cada vez más tenue, la densa niebla que se alzaba en los cielos como una siniestra sombra la cubría impidiéndome ver, y la poca claridad que ofrecía aquella triste luna llena no me ayudaba nada a avanzar.
No sabía por dónde iba, no sabía que había a mis pies, no sabía la hora que era, no estaba en condiciones de pensar, ni quería recordar lo que había pasado esa mañana, lo que me había hecho escapar, o sinceramente lo que me había hecho huir muerta de terror, intentando no llorar y sin mirar atrás  No, no quería.
La niebla se hizo cada vez más espesa, la luna se ocultó cada vez más. Miré al cielo, un escalofrío me recorrió toda la espalda y no pude evitar estremecerme de terror. El paisaje era tremendamente desconcertante. La niebla lo cubría todo, tan solo se distinguían las siluetas de los árboles del bosque gracias a la tétrica luz blanca-semitransparente que la luna les proporcionaba. Ella era la única que se veía claramente. Poco a poco, la niebla se había yendo apartando de la luna, dejándola completamente al descubierto.
Pálida y triste, la luna se alzaba en lo más alto del cielo, inundada por una luz casi fantasmal que me embobaba y no me dejaba apartar los ojos de ella. Tan bella, tan irónica, tan solitaria, tan lejana, tan tremendamente hermosa, y tan triste. Ella fue la única que me logró hacer llorar. Ni la pobreza y la soledad en la que yo había estado viviendo, ni la melancolía, ni la añoranza de tiempos mejores, ni la reciente muestra de odio y desprecio de mi madre que me había roto el corazón esa misma mañana me habían hecho llorar. Sin embargo, la pálida luz de la luna que se reflejaba en mis ojos había hecho brotar lágrimas de ellos que no cesaban de manar incontroladamente. Y me inundó una tremenda soledad. Y sentí que me moría. Y no pude parar de llorar. No pude.
Aquellas palabras que me había estado atormentando todo el día ahora rebotaban descontroladas en mi cabeza, produciéndome una oleada de sentimientos, primero rabia, después dolor, luego angustia, más tarde desconsuelo, y también ira, tristeza, amargura, pena, agonía, y un intenso sufrimiento moral que me hizo desplomarme en el suelo, para luego deshincharme como un globo al que pinchan y lo dejan en el aire, para que caiga a su suerte, quizás en algún lugar seguro, quizás no.
Anegué el suelo con mis lágrimas, y me quedé allí, tendida en aquel lugar húmedo y turbio, esperando a que mis lágrimas se secasen, dejando que siguieran brotando, quizás pensaba que así me iba a sentir mejor, quizás solo quería desahogarme, quizás solo seguí mi instinto.
En mi mente resonaban las palabras que tanto me atormentaban, con una voz tan clara que casi parecía que me las estaban diciendo es ese mismo momento; las palabras que había pronunciado mi madre esa misma mañana y que me habían destrozado por completo.
“Eres la peor hija que existe” “Me alegro de haberte abandonado”

miércoles, 20 de febrero de 2013

Poema que le escribí a mi prima y su novio por su cumple (cumplen el mismo día)


Dos enhiestas rocas, juntas se mostraban
Y la tormenta en la mar las intentó separar
Pero venció el amor.

Dos montañas, un val entre ellas formaban
Y la lluvia éste intentó agrandar
Pero venció el amor.

Dos ríos unirse intentaban
Y el calor los intentó secar
Pero venció el amor.

Dos bellos árboles sus ramas enrredaban
Y un viento huracanado los intentó derribar
Pero venció el amor.

Dos pajarillos, volar juntos ansiaban
Y un ballestero los intentó cazar
Pero venció el amor.

Dos corazones latir juntos deseaban
Y un infatigable mal los intentó desacompasar
Pero venció el amor.

Hace ya un año...


Por qué buscar una ilusión o un sueño que cumplir, si la mayoría de las veces no lo llegas a alcanzar.
Para que soñar con como será dentro de unos años tu vida o qué serás, si realmente nunca lo tendrás claro y el destino tomará por ti esa decisión, aunque no te guste.
Cómo decidir como será o es tu vida, si realmente es imposible decidir lo que quieres ser o quieras hacer. Desde que naces tienes unos límites, y según ellos creces y vives la mayor parte de tu vida, aunque no en todas las personas son los mismos.
Realmente, de que sirve soñar con un mundo perfecto si las injusticias siempre existen y la palabra libertad es más que abstracta, simplemente inexistente, simplemente una añoranza de algo que nunca existió.
Simplemente nada tiene sentido si te paras un poco a pensar, las preocupaciones más comunes son estupideces, y la mayoría de lo que hacemos es perder el tiempo, pero la verdad es que no sabemos que es lo correcto hacer en nuestro tiempo, nuestra VIDA.
Y por eso me pregunto: que significa vivir?por que existimos si finalmente dejaremos de existir?por que tenemos sentimientos y para que sirven realmente?que hay después del universo?...y...si el universo es como una bola de nieve en la que hay estrellas, y planetas y nosotros no somos ni unos microbios a ojos del que posee esa bola...y mil preguntas más sin respuesta.
Por ahora.
15/01/12