Puede que volar sea
imposible,
pero nadie me
prohibe soñar.
Qué puedo hacer, más
que seguir adelante,
aguantar mis
lágrimas, reír y no llorar?
Porque no deben importar las penas,
lo que vale es lograr mi destino.
Qué más da caer,
tengo que levantarme,
seguir siempre adelante en mi camino.
Porque si no, de que
habrán servido
tantos desafíos
superados,
tantas y dolorosas
decisiones
tantas batallas,
tantos sueño aplacados,
pero nunca, jamás
abandonados?
De que sirve, pues,
lamentarse?
Arrepentirse no
tiene razón de ser,
sólo y aún queda
seguir adelante,
seguir luchando, y
algún día,
tras mi destino
haber completado,
poder descansar,
feliz,
y estar al fin y por
siempre a tu lado.
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