miércoles, 20 de febrero de 2013

Poema que le escribí a mi prima y su novio por su cumple (cumplen el mismo día)


Dos enhiestas rocas, juntas se mostraban
Y la tormenta en la mar las intentó separar
Pero venció el amor.

Dos montañas, un val entre ellas formaban
Y la lluvia éste intentó agrandar
Pero venció el amor.

Dos ríos unirse intentaban
Y el calor los intentó secar
Pero venció el amor.

Dos bellos árboles sus ramas enrredaban
Y un viento huracanado los intentó derribar
Pero venció el amor.

Dos pajarillos, volar juntos ansiaban
Y un ballestero los intentó cazar
Pero venció el amor.

Dos corazones latir juntos deseaban
Y un infatigable mal los intentó desacompasar
Pero venció el amor.

Hace ya un año...


Por qué buscar una ilusión o un sueño que cumplir, si la mayoría de las veces no lo llegas a alcanzar.
Para que soñar con como será dentro de unos años tu vida o qué serás, si realmente nunca lo tendrás claro y el destino tomará por ti esa decisión, aunque no te guste.
Cómo decidir como será o es tu vida, si realmente es imposible decidir lo que quieres ser o quieras hacer. Desde que naces tienes unos límites, y según ellos creces y vives la mayor parte de tu vida, aunque no en todas las personas son los mismos.
Realmente, de que sirve soñar con un mundo perfecto si las injusticias siempre existen y la palabra libertad es más que abstracta, simplemente inexistente, simplemente una añoranza de algo que nunca existió.
Simplemente nada tiene sentido si te paras un poco a pensar, las preocupaciones más comunes son estupideces, y la mayoría de lo que hacemos es perder el tiempo, pero la verdad es que no sabemos que es lo correcto hacer en nuestro tiempo, nuestra VIDA.
Y por eso me pregunto: que significa vivir?por que existimos si finalmente dejaremos de existir?por que tenemos sentimientos y para que sirven realmente?que hay después del universo?...y...si el universo es como una bola de nieve en la que hay estrellas, y planetas y nosotros no somos ni unos microbios a ojos del que posee esa bola...y mil preguntas más sin respuesta.
Por ahora.
15/01/12

lunes, 4 de febrero de 2013

Arena


Aquella vez se había pasado, fue lo primero que pensé al salir corriendo de aquella maléfica casa donde aún retumbaban sus gritos. Lágrimas resbalaban por mi rostro desnudo, contraído en una expresión de miedo y terror que seguramente me hacía parecer mas fea de lo que era, o por lo menos de o que me consideraba. Pero eso no era lo importante en ese momento, a pesar que me dolía todo el cuerpo tras los recientes golpes, no podía parar de correr; a pesar de que las rodillas asemejaban clavarse en mi piel a cada paso que daba, no podía parar de correr; a pesar que no sabía a donde iba, ni nenia a donde ir en realidad, no podía parar de correr. Llegué a la playa, pero seguí corriendo, los pies se me enterraban cada vez más en la arena o eso me parecía, mi cuerpo se volvía cada vez mas pesado, como hierro oxidándose con el paso de los años, pero en este caso, en apenas unos minutos, o horas, en aquel momento no tenía noción del tiempo, ni me importaba lo más mínimo, solo sentía un fuerte impulso que movía mis piernas y me obligaba a correr, sin rumbo, como una débil gacela escapando del feroz león, desorientada, perdida, y sola.
Repentinamente, sentí una brusca sacudida y mi boca se llenó de arena. Me había caído. Mis piernas aún se movían como si fuesen sacudidas por pequeños impulsos eléctricos que fueros disminuyendo en su intensidad hasta convertirse en un simple temblor, que a pesar de parecer tan insignificante, me producía un intenso dolor por todo el cuerpo, el cual, me nublaba la mente y poco a poco me fue haciendo perder la conciencia hasta finalmente cesar, a la vez que mi cuerpo descansaba depositado en aquella fría arena, a merced de cualquier ola repentina que me quisiera atacar. 

Relato


Me desperté repentinamente. Vi la hora, las tres y cuarto. Tenía hambre. Me levante lentamente, procurando no hacer ruido, mis padres se iban a enfadar si me veían despierta a esas horas. Fui hacia la cocina. El viento se escuchaba como si estuviera dentro de casa, era extraño, y aterrorizador. Intenté recordar lo que había soñado, pues estaba segura de que había sido una pesadilla, pero no fui capaz de recordarlo. De todas formas, no me importó demasiado. Al entrar en la cocina, por no encender la luz, me di un golpe en la pierna, alguien había dejado una silla enfrente de la puerta, seguramente mi hermano. Pero no me quejé, no debía hacer ruido. Me di cuenta de que mi perro estaba ladrando, llevaba así un rato. Entonces recordé por qué me había despertado, recordé la pesadilla. Una tenebrosa cara vino a mi mente, y al estar sumida en oscuridad me causo una impresión tan fuerte que se me aceleró el corazón y me comenzó a faltar el aire. Había soñado con la película que habíamos visto en casa de Emma la semana pasada. Otra vez. La cara de aquella niña, despeinada, casi verde, medio desdentada y con aquella expresión tan aterradora no dejaba de aparecérseme en todas partes, era horrible. Comencé a ver esas caras por todos lados, asique decidí encender la luz, prefería una bronca de mis padres a morir de un infarto. Volví a la puerta y la encendí. Nada más girarme vi tras la ventana aquella cara, sonriéndome, y dejé escapar un grito. Me caí contar la puerta al retroceder, otra vez la maldita silla. Me di tal golpe en la cabeza que empecé a marearme de verdad. Vi de nuevo hacia la ventana. La niña ya no estaba ahí. Nevado seguía ladrando, al lado de la puerta, la escuché abrirse, no me podía mover, cada vez tenía menos fuerzas, me intenté levantar y me hice daño en las muñecas, ¿Por qué estaba tan débil?. La segunda puerta también se abrió, comencé a temblar del miedo. Solo veía el rostro de la niña, por todos lados, sonriéndome. Pasaron apenas unos instantes, tenía miedo, estaba aterrorizada, sentí un repentino calor en la entrepierna, me había meado. Estaba inmune, indefensa, ante la dueña de aquellos pasos que a mí se acercaban. No tenía escapatoria alguna. Así que me dejé rendida, esperando a mi fin. Cerré los ojos, no quería ver. Los pasos se hicieron cada vez más próximos, y mucho más, hasta que cesaron, en frente de mi. Pude escuchar su respiración, fuerte, profunda y casi sentir su aliento.
Me desperté con el corazón tan acelerado que parecía salírseme del pecho. Respiré entrecortadamente. Había sido un sueño muy intenso, demasiado. Decidí tranquilizarme, había sido solo un sueño, pero por más que me lo repetía aquella cara no abandonaba mi mente. Decidí cerrar la puerta de la habitación. Tan pronto como lo hice me tiré de nuevo en cama, aún tenia miedo. Justo antes de tapar mi cabeza bajo las sábanas mi mirada se desvió hacia la ventana. Había dejado la persiana subida y la luna llena iluminaba levemente mi habitación, pude ver un rostro, sonriente, casi verde, pero solo un instante. Decidí que era mi imaginación y que debería dormir, pero no pude, al igual que no pude volver a mirar hacia esa ventana el resto de la noche.