Aquella vez se había
pasado, fue lo primero que pensé al salir corriendo de aquella maléfica casa
donde aún retumbaban sus gritos. Lágrimas resbalaban por mi rostro desnudo,
contraído en una expresión de miedo y terror que seguramente me hacía parecer
mas fea de lo que era, o por lo menos de o que me consideraba. Pero eso no era
lo importante en ese momento, a pesar que me dolía todo el cuerpo tras los
recientes golpes, no podía parar de correr; a pesar de que las rodillas
asemejaban clavarse en mi piel a cada paso que daba, no podía parar de correr; a
pesar que no sabía a donde iba, ni nenia a donde ir en realidad, no podía parar
de correr. Llegué a la playa, pero seguí corriendo, los pies se me enterraban
cada vez más en la arena o eso me parecía, mi cuerpo se volvía cada vez mas
pesado, como hierro oxidándose con el paso de los años, pero en este caso, en
apenas unos minutos, o horas, en aquel momento no tenía noción del tiempo, ni
me importaba lo más mínimo, solo sentía un fuerte impulso que movía mis piernas
y me obligaba a correr, sin rumbo, como una débil gacela escapando del feroz
león, desorientada, perdida, y sola.
Repentinamente,
sentí una brusca sacudida y mi boca se llenó de arena. Me había caído. Mis
piernas aún se movían como si fuesen sacudidas por pequeños impulsos eléctricos
que fueros disminuyendo en su intensidad hasta convertirse en un simple temblor,
que a pesar de parecer tan insignificante, me producía un intenso dolor por
todo el cuerpo, el cual, me nublaba la mente y poco a poco me fue haciendo
perder la conciencia hasta finalmente cesar, a la vez que mi cuerpo descansaba
depositado en aquella fría arena, a merced de cualquier ola repentina que me
quisiera atacar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario